lunes, 21 de noviembre de 2022

El monstrito

Era una familia de monstruos muy bonitos y raritos. En la familia estaba la mamá monstrua, el papá monstruo, el hijo monstruo y la hija monstrua. Muy felices parecía esa familia. Sin embargo, no todo era tan bello como parecía.

Desde antes de que naciera Giselda, la hija monstrua, Ruperto, el hijo monstruo,  ya moría por tener una hermana. De hecho, su mamá Pancracia, llegó estar embarazada varias veces después de Ruperto de otros monstruos varones y Ruperto mató a cada uno de esos fetos porque él no quería un hermano, Ruperto quería una hermana. Hasta que por fin se le hizo tener a su hermosa y bella monstrua Giselda.

Ruperto atesoraba cada instante con Giselda, le encantaba oler su cabecita que olía a coliflor podrida, la llenaba de besos cada que podía y jugaba con ella tanto tiempo como fuera posible. Esta fijación con Giselda se fue intensificando cada vez más, hasta un punto llegarla a desear sexualmente.

Ruperto le llevaba 10 años a Giselda. Cuando Giselda cumplió 10 años, ellos decidieron que para festejar,  verían un maratón de películas de su superheroe favorito: "El Monstruo de Frankenstein". Después de ver 5 horas la tele, los dos se quedaron acurrucados y Ruperto aprovechó la ocasión para intentar tocar a su hermana y ver como ella reaccionaba.

Giselda estaba aterrada por lo que estaba pasando, no sabía que hacer. Ella amaba a su hermano pero lo que le estaba haciendo él ya no era normal entre monstruos. Giselda se empezó a retorcer entre cada tocamiento pero no dijo nada y esperaba que entre tanto retortijón, Ruperto entendiera que ella no se estaba sintiendo cómoda y así fue, después de un buen rato de estar acariciándola todas sus monstruosas partes él desistió.

Después de ese momento, Giselda nunca más volvió a ver a Ruperto con los mismos ojos. Desde aquel instante Giselda empezó a idear su venganza. Lo que había hecho Ruperto no tenía perdón de Dios monstrual. Cuando Giselda cumplió 15 años (5 años después de ese episodio traumático), Giselda preparó la cena de su festejo, era un delicioso venado recién ejecutado, todavía salía sangre de su cuello a borbotones. Giselda sabía que la parte favorita de Ruperto de los venados eran sus piernas mientras que de su papá era la tripa y de su mamá era el cerebro. Así que decidió ponerle azúcar a las piernas del venado, el veneno perfecto para matar a su hermano. 

Sin embargo, por una extraña razón ese día a Pancracia se le antojó también comer pierna. Giselda todavía no terminaba de servir la cena, cuando voltea y ve a su mamá chupandose los dedos después de darle una probadita a la pierna del venado, Giselda intentó reaccionar lo más rápido posible para que el veneno no le hiciera efecto, pero ya era demasiado tarde.

Esa misma noche Giselda se suicidó, no podía con la culpa de haber matado a su propia madre, seguía muy enojada con Ruperto por lo que había hecho y frustrada de que su plan de venganza fracasara. Ruperto nunca supo que Giselda le tenía un gran resentimiento, por lo sucedido esa noche de abril de hace 5 años, de hecho él pensaba que tenía la familia monstrual más hermosa de todas las  dimensiones habías y por haber. En el velorio de su madre y hermana les dedicó unas bellas palabras de amor y vivió triste por el resto de su vida.

F I N 

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