Que bella es la etapa de la niñez, cuando lo único que nos preocupaba era la hora en que saldríamos a jugar. No había ninguna razón ni motivo para angustiarse.
Todo era pura diversión, vivir el momento sin percatarnos de lo que nos pasaba a nuestro alrededor, sin pensar en lo que haríamos el día de mañana. El ser grande era algo inalcanzable, en el cual se abría todo un mundo de posibilidades.
Absolutamente todo era nuevo cuando uno es niño, cualquier cosa era una gran aventura, nos maravillábamos hasta del amanecer o de la misma lluvia. De todo aprendíamos éramos como una esponja que absorbía todo tipo de conocimientos con cada experiencia vivida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario